Ley de Amnistía en Venezuela: ¿Libertad real o condicionada?

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En Caricuao en Positivo celebramos la recientemente promulgada ley de amnistía, y la posibilidad de observar, cada abrazo de reencuentro. Ver a un vecino, a un pana o a un hermano Venezolano recuperar su hogar tras el amargo trago de una celda es una victoria que nos llega al alma.

Pero, con la mano en el corazón y el ojo en la realidad, hay que decir las cosas como son: soltar el cuerpo no es liberar la voz. Hoy, la libertad en nuestro país parece un beneficio que se da y se quita según sople el viento del poder. Mientras el sistema siga minado por leyes que castigan la opinión, cada ciudadano que sale de una cárcel camina sobre un cristal muy fino que el de arriba puede romper cuando quiera.

Ya sabemos cómo es la vuelta. Lo sentimos en la zozobra de los días recientes y lo vemos cada vez que la sombra de la «Operación Tun Tun» se proyecta sobre nosotros, recordándonos que el silencio es la norma impuesta.

En este contexto, un estado de WhatsApp, un comentario en el grupo de los vecinos o denunciar que no llega el agua o la luz, se ha convertido en un deporte de alto riesgo… un deporte que cuesta caro, vaya que lo sé, lo he vivido en carne propia, Cuando te vigilan hasta lo que escribes en el celular, la libertad no es plena; es una libertad que te prestan por un ratico.

El monopolio del silencio

Como bien decía el Libertador Simón Bolívar: «La libertad del uso de la palabra es tan sagrada como la libertad misma». Esta frase del Padre de la Patria hoy suena a desafío frente a una institucionalidad que castiga al que piensa distinto. Si miramos esto con los ojos de Max Weber, entendemos que el Estado debería usar su fuerza para protegernos, pero cuando esa fuerza se usa para imponer un orden a punta de miedo y coacción, el ciudadano queda huérfano de derechos. Es el uso del poder para amarrarnos la lengua.

Una amnistía que no limpie el camino de esas leyes que nos criminalizan por hablar es, siendo sinceros, un «pañito de agua tibia». De nada sirve que te abran la reja si te dejan el bozal puesto. Como advertía George Orwell, la verdadera libertad es poder decir aquello que los poderosos no quieren escuchar. Y en nuestra realidad, decir la verdad se ha vuelto un acto de valentía que no todos pueden pagar. insisto el precio es muy alto

Justicia, no favores

La democracia de verdad no se hace con favores ni con gestos de buena voluntad que dependen del humor de turno. Se hace con justicia de la buena. No nos sirve que nos «den permiso» de pensar si nos van a guardar por hablar. es que debemos dejarlo claro: informar nunca ha constituido un delito. Ese es un derecho que está plenamente contemplado en los artículos 57 y 58 de nuestra Constitución, los cuales garantizan la comunicación libre y sin censura.

Es doloroso reconocer que los periodistas hemos tenido que convertirnos en arquitectos de eufemismos, haciendo malabares con las palabras solo para decir que un tubo está roto o que un sector no tiene luz, todo por el temor (muy humano y real) a sufrir represalias. Cuando el miedo se mete en la sala de redacción y en el teclado del vecino, la ley se vuelve letra muerta. Yo en lo particular estoy cansado del consejo de «cuidate rafa» o «tu eres loco como te pones a decir eso» o «hermano cuidese, que lo prefiero libre y vivo» ya estoy cansado de mirar por encima del hombro para ver quien está detrás cuando voy a una comunidad

Desde Caricuao en Positivo hablamos claro: exigimos que se acabe el miedo como herramienta de control. Si seguimos con el temor de que nos toquen la puerta por un mensaje de texto, entonces no hemos salido de la celda; nada más nos dieron un poquito más de patio para caminar. Venezuela merece una libertad sin «peros» plena para los periodistas, una libertad sin concionamiento, donde la voz sea tan libre como el hombre que la suelta.

Lic Rafael Espejo cnp 27341

Rafael Espejo
Author: Rafael Espejo

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